miércoles 19 de diciembre de 2007

Belen, 2007 d.C

El pueblito donde nació Jesús es ahora uno de los lugares más conflictivos sobre la faz de la Tierra.
Así no llegaron María y José a Belén, pero así se entra ahora. Hay que esperar junto al muro. Es una impresionante barricada de concreto, de tres pisos de altura, coronada por alambre de púas. Los soldados israelíes armados con rifles de asalto examinan los documentos, registran el vehículo. Ningún civil israelí, por orden militar, puede pasar. A unos pocos residentes de Belén se les permite salir. La razón por la que el muro existe, según el gobierno israelí, es mantener a los terroristas alejados de Jerusalén.
A Belén y a Jerusalén las separan sólo 9.5 km, aunque en la comprimida y fraccionada geografía de la región eso las coloca en territorios diferentes. Belén está en Cisjordania, en los terrenos ocupados por Israel durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Es una ciudad palestina, la mayoría de sus 35 000 residentes es musulmana. En 1900, más de 90 % de la ciudad era cristiana. Hoy, sólo cerca de la tercera parte de Belén lo es, y esta proporción disminuye a un ritmo constante al emigrar los cristianos a Europa o a América. Al menos una docena de terroristas suicidas ha provenido de la ciudad y de su distrito circundante. La verdad es que Belén, el “pueblecito” venerado durante la Navidad, es uno de los lugares más conflictivos de la Tierra.
Los conflictos aquí son un microcosmos de los acontecimientos mundiales. Por lo tanto, lo que sucede aquí refleja lo que amenaza la paz mundial. “Es fácil pensar en Belén como el centro del mundo –comenta el alcalde Batarseh–. Este no puede ser un lugar donde nunca exista la calma. Si alguna vez el mundo ha de tener paz, esta tiene que empezar aquí mismo”.

Tomado de revista National Geographic en español, edición diciembre 2007 y Escrito por Michael Finkel